miércoles, 7 de septiembre de 2011

EL INMORTAL PUÑO DE HIERRO


Observando el filón que ha encontrado Hollywood con las adaptaciones de superhéroes pero también cómo el Cómic está siendo capaz de nutrirse del trasvase de medios para ampliar la promoción de sus obras, quizás haya que considerar de otro modo las –a veces demasiadas- trasformaciones que para ello se realiza de obras consolidadas. Puede que dentro de MARVEL ya se hayan explotado los personajes principales, de ahí que el siguiente paso lógico sean “Los Vengadores”, aunque yo –que confieso mi enamoramiento hacia los personajes de esta compañía- creo que aún quedan historias con la suficiente entidad como para contarlas de manera unitaria, como por ejemplo las que podemos leer de PUÑO DE HIERRO.

El personaje Iron Fist (Puño de Hierro) fue creado en 1974 por Roy Thomas y Gil Kane, como una forma de respuesta al creciente gusto por las películas de artes marciales que se estaban produciendo en EE.UU. Otros autores como Chris Claremont y John Byrne les sucedieron y continuaron dando sustancia al personaje. En apariencia: un puño que brilla, la máscara a modo de pañuelo pirata, los ojos de Spiderman y la gama cromática de los colores complementarios amarillo/verde. La excusa, un occidental llamado Wendell que vivió y murió en la ciudad de dioses oriental K’un-Lun; allí se elegía a su mejor guerrero para enfrentarse al dragón inmortal Shou-Lao, y si lo vencía obtenía su poder, canalizando fuerza y energía a través de su mano. Wendell fue un gran luchador pero nunca consiguió llegar a tal galardón, pero sí su joven hijo, tras quedar huérfano y ser heredero de una rica fortuna: Daniel Rand, que usa estos poderes como héroe de la Tierra. Poco después se asoció a Powerman y formarían el grupo de los ‘Héroes de Alquiler’, una suerte de detectives superheroicos, apareciendo a su vez otros personajes importantes como las Hijas del Dragón, es decir, Misty Knight y Colleen Wilson. Así, Iron Fist se mantuvo con vigor en el universo Marvel hasta mediados de los 80, cuando decidieron matarlo a consecuencia de Secret Wars. John Byrne, que tenía gran cariño por el personaje, lo resucitó a principio de los 90, y más o menos ha venido subsistiendo por aquí y por allá hasta el año 2006.


En la otra parte del camino al que pretendemos llegar en este artículo, se encuentra Ed Brubaker. Durante su éxito en DC, en 2002 pasa a realizar además trabajos para su filial Wildstorm, donde también trabaja Alan Moore. En su seno, entran en contacto y recibe de alguna manera su influencia, que le llevarán a realizar –en nuestra opinión- sus mejores trabajos hasta la fecha: Point Blank (que concretamente dedica al mismo Moore) y también Sleeper. Poco después la buena relación le otorgará la oportunidad de escribir para el de Northampton una historia de Tom Strong. Mientras Moore realizaba su 2ª etapa en los cómics mainstream, con ABC, confesó a George Khoury en una entrevista de 2003 que Joe Quesada lo había contactado personalmente para que, “junto a Frank Miller, liderara una revolución en Marvel”. Como sabemos, no fructificó el asunto, en absoluto. Quesada esperaba que así fuera, puesto que Moore nunca había trabajado directamente en la Marvel americana ni tenido problemas con él; el conflicto que aún duraba no era ajeno a ellos, pero provenía de su serie Marvelman, que realizó en Marvel UK. El caso es que algún tiempo después, Brubaker estaba creciendo mucho como autor y se dejaba querer por Marvel en entrevistas, así que fue el elegido y finalmente recaló allí en 2005, con un contrato en exclusiva y una libertad creativa como pocas veces se le había permitido a un autor en la empresa, que parecía reservada sólo a los valores consagrados. Quesada, sabedor del valor de Brubaker como escritor en alza, no quiso que se le escapara otra oportunidad de futuro y le otorgó además la posibilidad de publicarle obras de creación y derechos propios (hasta la fecha, ha realizado Criminal e Incógnito).

La verdad es que en esta etapa marveliana –que continúa hasta la actualidad- Ed Brubaker está rindiendo a un alto nivel. Trabajando desde las bases y la continuidad, está refrescando personajes clásicos de la compañía como el Capitán América y Daredevil, especialmente el primero, al que ha convertido en piedra angular de acontecimientos globales para el universo Marvel, tan interesantes como ‘Civil War’. Pero en 2006, ya asentado en la empresa, recoge también el testigo de Iron Fist (uno de sus personajes preferidos de su infancia, según confiesa) y lo introduce en la serie de Daredevil, para más tarde realizar su propia miniserie y otorgarle de entrada un nuevo apelativo de cosecha propia: “El inmortal Puño de Hierro”. Pese a la antigüedad del personaje en la casa, y aunque parezca mentira que nadie utilizara nunca un sobrenombre para él, hasta ahora no se había realizado esta acción tan propia para otros personajes de Marvel. Y así comienza una historia que nos parece que le ha dado al personaje nuevos aires que le han otorgado una riqueza y una frescura inesperadas.


De modo que la trama básica en la que nos queremos detener se muestra en los tres tomos de PANINI (y que se contiene en 16 números americanos). Tomando elementos del pasado, y ampliándolos siempre desde el respeto a la continuidad, primeramente tenemos al antiguo enemigo Davos enfrentado de nuevo a Iron Fist pero realmente en búsqueda de otra figura. En este momento entra en acción un nuevo Puño de Hierro, Orson Randall, que coexiste en secreto aún con su sucesor. Algo tan evidente, pero nunca usado, como que existió antes de Rand todo un linaje de Puños de Hierro sale a la luz, y también llega el momento en que la ciudad K’un-Lun lo reclame como arma para participar en un torneo que se celebra cada 88 años contra las armas de otras seis ciudades celestiales más, que no son sino el mejor guerrero de cada una de ellas. El evento realiza guiños a Bola de Dragón y a los videojuegos tipo ‘Street Fighter’. Todo este tiempo han permitido al actual guerrero Rand usar libremente su poder en el Tierra, pero realmente el destino del Puño de Hierro le pertenece a K’un-Lun y reclaman su uso en esta hora clave. En juego está un premio, que disputa la frecuencia en que el territorio de cada ciudad mística se aparece en la Tierra.


Se recrea así toda una tradición que se suma a los datos que ya teníamos sobre los ya existentes en el personaje, y confronta el papel del Puño de Hierro actual con la genealogía heroica a la que pertenece y la jerarquía a la que está sometido. En este sentido, Orson Randall se constituye como el inconformista que desafió su destino y su legado, además de haber averiguado más sobre sí mismo y su poder que todos sus predecesores. Aun siendo un recién llegado, su significación encaja de repente a la perfección con la de Daniel Rand, al que hará conocer mejor su poder, aprender a canalizar la energía del dragón, averiguar el significado de su fortuna, y en definitiva afrontar un crecimiento personal. No obstante, Randall posee una inusitada fuerza argumental, hasta el grado de que en algunos momentos de la narración hasta se come a Rand como personaje. Por otro lado, Brubaker es consciente de la tradición marvelita de dar coherencia a la totalidad de su Universo, así que integra la amenaza de la organización Hydra, ahora dirigida por Xao, y que inesperadamente también llegará el momento en que aporte importancia a la mitología del Puño de Hierro. Tampoco olvida a antiguos compañeros de la colección de Iron Fist, como Powerman, Misty y Colleen, que en principio no cumplen un papel excesivamente relevante en esta historia pero su presencia se justifica en el sentido de que conectan a Daniel Rand con todo lo que está ocurriendo a su alrededor en el universo Marvel en este momento –el evento Civil War, recurso de contextualización que además se ha seguido perpetuando en la forma de proceder últimamente de la compañía.


Ésta es básicamente la justificación del argumento, pero por medio hay múltiples hallazgos más que hacen que el personaje y su propio nuevo microuniverso dentro de Marvel gocen de una vida envidiable. Al guión, Matt Fraction apoya a Brubaker, y quizás sea el que aporte ese tono de humor que se saborea por sus páginas. Se añaden otras historias independientes sobre los Puño de Hierro anteriores, y es un dato importante no perderlos de vista porque suponen no sólo un enriquecimiento de los argumentos del personaje en sí, sino que serán luego los que den vía libre a la creación de una serie regular a partir de esta miniserie de 16 números.

Especialmente me gustaría resaltar el dibujo del español David Aja, aunque barra para casa, pero de entre todos los participantes en el apartado gráfico creo que es el que mejor ha sabido captar la esencia de la acción, a esa manera deudora de los hallazgos de Michael Lark y su combinación con las variopintas artes marciales, y por otro lado ha sido capaz de reconciliar la historia con el estilo noir tan característico de Brubaker, y que algunas veces conlleva mucho de reflexión y mucho texto, lo que representa una dificultad para un grafismo en general tan dinámico como el de los superhéroes.

Echando una mirada rápida hacia atrás por las páginas de la miniserie vislumbras la cantidad de situaciones y la riqueza de otras figuras que participan en la composición. En una primera lectura me pareció que la aportación de tantas referencias nuevas habían difuminado un poco al mismo protagonista, Daniel Rand, pero tras otros visionados, aparte de que todo ello adquiere su importancia al final del argumento, no lo sufre el personaje. A decir verdad, opino que tan sólo en estos 16 números iniciales hay ya un material rico para hacer esa película sobre Iron Fist que decíamos al principio, si parece que ésa es una de las nuevas formas de llegar a las historias Marvel en la actualidad.

En definitiva, Puño de Hierro puede considerarse una figura secundaria dentro de este universo, pero hemos visto que buceando tan sólo un poco hemos encontrado un trabajo interesante, perfecto para dar el salto a otros medios, y junto al apoyo y seguimiento que muchos compañeros anónimos hacen de las historias sobre cómics que van leyendo, ¿qué nos impide dudar del torrente capaz de inundar nuestra imaginación que se guarda en todas esas páginas de papel ya realizadas y las que aún están por hacer?