miércoles, 27 de marzo de 2013

LUBA: “En Norteamérica”, “El libro de Ofelia”, “Tres hijas”

Con este enorme volumen titulado “LUBA” de casi 600 páginas la editorial La Cúpula recopila los tres tomos realizados por Gilbert (apodado Beto) Hernandez que reúnen las andanzas de Luba más allá de la saga de “Palomar”: “Luba en Norteamérica”, “El libro de Ofelia” y “Tres hijas”. En él se narra la vida de la familia de Luba y de Pipo tras emigrar desde su pueblecito mexicano hasta la costa oeste de los EE.UU. Lo cierto es que no es una historia independiente, sino que está completamente enlazada con hechos anteriores; de hecho, ya comienzó en los últimos capítulos del volumen titulado “Palomar 2” aquí en España y también es una respuesta a aquel spin-off llamado “Río Veneno” en el que se contaba el origen de Luba, tan complejo y trabajado que sus historias pasaron a enriquecer el resto del universo del que provenían.
Las fechas de realización de esta obra no podemos precisarlas con mucha exactitud, pues las historias que se reúnen no nos vienen presentadas por orden de realización, sino cronológico con respecto a lo que se cuenta, ya que Beto tiende a embarcarse en multitud de líneas argumentales abiertas que poco a poco va concretando en el tiempo. Encontramos capítulos fechados desde 1997 y parecen finalizar definitivamente en 2006. Por medio, a los Hermanos Hernadez les dio tiempo de cerrar y refundar varias veces su revista Love & Rockets donde los publicaban.
 El pasado de Luba vuelve por tanto de modo difícil para ella, y lo hace en forma de dos hermanastras que residen en EE.UU y a las que no conocía: Fritz y Petra. Cada una de las chicas tiene una vida diferente. Luba lleva tiempo huyendo de un mundo de narcos y drogadicción, criando como puede y con la vital ayuda de su prima Ofelia a sus hijos de diferentes padres, nunca renegando de sus responsabilidades y nunca renegando de una buena juerga. Fritz, alias de Rosalba, es psicóloga y ello le sirve para mostrar comportamientos diferentes según la persona que tenga al lado, lo que irá llvándole a un gusto por la interpretación. Petra está casada, tiene una hija llamada Venus, trabaja en un laboratorio, y lleva una vida aparentemente sencilla y común. Físicamente tampoco se asemejan demasiado: Luba es india mestiza, con flacas piernas (“de gallina” como se dice en las páginas); Fritz y Petra pasan más desapercibidas en los Estados Unidos por sus rasgos o su pelo, si bien la primera posee un cuerpo más proporcionado y la segunda tiene caderas anchas y piernas fuertes que además trabaja en el gimnasio. Lo común en las tres es la “predisposición genética a crecerle el pecho”
 
La otra familia que protagoniza esta gran saga es la de Pipo. Ella junto a su ex -marido Gato ha sabido asentarse en Norteamérica a base de prósperos negocios que supondrán un cobijo para todos. Siente un gran respeto por Luba y queda subyugada por su familia, produciéndose a través de las páginas una intensa trabazón entre miembros de uno y otro lado por necesidad de prosperar y por lazos de sintonía, razón por la que todos se irán trasladando a aquel país. La vida irá haciendo florecer en el tiempo multitud de relaciones sanguíneas y de parentesco, que a veces irán rodadas y otras, en un número amplio, serán muy difíciles de armonizar al venir obligadas con la superficialidad que ello conlleva. Normalmente, aunque haya personajes con mayor fortaleza, pero los protagonistas de cada capítulo van variando de forma frecuente, sus status no serán inamovibles, y apreciaremos coincidencias que se repiten de forma salteada entre ellos: pelo, ojos, cejas, piernas, actitud, gustos, forma de engordar,...


A las vidas de personajes tan importantes como Doralis y Guadalupe (hijs de Luba) o Sergio (ídem de Pipo) también irán apareciendo otros nuevos personajes de la zona y lo hacen para quedarse, dejando profundas huellas en las vidas de esta gente. Unos y otros irán saliendo adelante, o intentándolo ante lo que les va deparando el paso del tiempo, los cambios en las relaciones y circunstancias personales. Las caracterizaciones de ellos a veces nos harán sentirnos identificados, otras pueden resultar extravagantes o inestables, locos tal vez pero lo que no cabe duda es de que los sientes latir en cada viñeta, comprendiéndolos en su manera de actuar. Incluso cabrán giros inesperados que revelan sentimientos ocultos para luego descubrir con sorpresa que siempre estuvieron ahí, desde hace años dejados por Beto en trabajos anteriores.

El libro LUBA es más culebrón que nunca, y su lectura cautiva vorazmente nuestra atención, aunque requiere de todos nuestros sentidos puestos ahí. Al ser cuestionado sobre esta enorme saga de la familia de Luba, Gilbert Hernandez nos dice: “Resultó que tenía tantos personajes que el tema de 'Luba en América' se mantuvo más y más tiempo. Y yo realmente no quería que tuviera esa extensión. Así que finalmente lo di por zanjado tras tantos años. [...] mi trabajo se había vuelto muy denso, a mitad de camino de mi producción. Quiero decir, sí, seguramente recompensaba a los lectores que los estaban siguiendo de verdad, pero si simplemente intentas subir a bordo a la mitad, perderías el tiempo. Y eso no es bueno para las ventas. Tienes que evaluar todo eso, y en la misma medida, y aunque quiero ser leal a mí mismo tengo que... ya sabes.


La trama de LUBA realmente se va convirtiendo en un ente más y más profuso, y van quedando numerosos hilos pendientes debido a las elipsis a las que nos tiene acostumbrado el autor. Nos hablarán sobre las razas, la lengua o la feminidad (inmenso el estudio sobre la mujer), y profundizan en la psicología de los personajes que va transformándose más y más al relacionarse. ¿Consigue salir de ese callejón sin salida visible en la que se ha metido el propio Beto? Creemos que sí; la historia completa tiene muchos detalles que no debemos perdernos para entenderla, volviendo si hace falta una y otra vez las páginas, pero el recorrido hecho en el libro es bastante integral, dando explicaciones a casi todo, algunas cosas nos sorprenden ya que quedaron esbozadas en los años 80 desde el mismo principio de Love & Rockets (¿quién quiere saber por ejemplo qué pasó exactamente entre Manuel y Soledad?).
 
Otra gran diferencia de este libro con lo hecho anteriormente por el autor es la ambientación de las historias, aquí de carácter más urbano. Bien es verdad que la vida en la costa oeste de los EE.UU. donde transcurren gozan de la vitalidad y calidez propias del mundo hispano que nos trasladan; no obstante falta algo de ese encanto misterioso y mágico que tenía la vida en el pueblecito Palomar en Méjico. Aquel trazo de manchas en blanco y negro nos transmitía colores, texturas, climatología, sensaciones, y cuando vuelve a hacerlo en estas páginas nos comunican mucho más que los escenarios de la ciudad dibujados por Beto, que tal vez consciente de ello constantemente nos lleva a la playa, al bosque o a un flashback de Palomar. Puede que lo especial de aquello era que nos resultaba novedoso y a su vez que los lectores de tebeos ya estamos muy acostumbrados a la representación del paisaje norteamericano, tal ingente es la cantidad de tebeos de allí publicada en España. 
 
El estilo de dibujo de Beto Hernandez que tenemos en este caso se ha ido simplificando con respecto a años atrás, y no necesariamente en pos de una depuración. Sus trazos nunca fueron perfectos, sí frescos y salidos de una inquieta alma creativa haciendo descubrimientos continuamente. Regresan algo más esquemáticos, rápidos, aunque desde luego aún muy efectivos; puede que sólo sea una impresión subjetiva derivada de la desilusión nuestra que hemos mencionado arriba sobre los fondos, puesto que los personajes, las chicas sobre todo, son representadas con maestría y cuido: expresiones, figura, peinados, vestimenta, particularidad racial. Eso ayuda mucho a que cada una de ellas tenga su personalidad, y es un mérito a reconocer al autor, al que se le alaba mucho su profunda manera de narrar y pocas veces se ensalza su dibujo; probablemente lo hacemos por la típica comparación con su hermano Jaime, de lápiz superdotado.
 Algunos aspectos complementarios que llaman nuestra atención son los numerosísimos diálogos y la escasa acción, propiciados por la inmensa pléyade de nombres que intervienen en las historias y a los que Beto hace hablar para que los conozcamos. Puede parecer difícil mantener la calidad en la narración con tanta “monotonía” gráfica, y ahí surge una vez más el genio del autor, que sabe ir cambiando de plano, de posturas o visuales dentro de su clasicismo compositivo. También a destacar el abundante sexo explícito entremezclado, que el mismo Beto en algún momento del libro justifica así: “Esa ‘sopa de gran pena’ incestuosa en la que todo el mundo acaba acostándose con todo el mundo”.
 En lógica con la producción de Beto, sus obras posteriores seguirán teniendo relación con el patrimonio de personajes o situaciones ya planteadas. En concreto, ha dado forma de cómic a las películas de serie B que Fritz interpreta en su carrera como actriz dentro de las páginas de LUBA, tales como “Una oportunidad en el infierno” (2008) o “Hablando del diablo” (2009). En ellas la trama discurre más ligera y pasan menos cosas en mayor número de páginas, en relación a lo que estamos acostumbrados de sus lecturas; también resultan un poco más oscuras y menos creíbles o profundas. Ello he ido observando que le ha valido cierta crítica, enfocada a un bajón en la calidad de sus historias. Desde aquí creemos que hay que entenderlas como eso, como un guión ilustrado de películas de ese tipo, un trabajo de transición que al autor ha querido otorgarse a modo de autohomenaje. 


Y por supuesto la cosa no acaba aquí. En las Nuevas Historias de Love & Rockets (volumen III), desde 2007 viene desarrollando las andanzas de Killer, nieta de Luba que sale en las viñetas del tomo que estamos hoy comentando y que podemos observar que al menos visualmente posee el viejo encanto familiar.  

 
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