martes, 21 de junio de 2011

TOUCH (BATEADORES)

OTROS ACERCAMIENTOS A JAPÓN


En lo que llevamos de andadura sobre Japón estas semanas, aún no hemos hablado en nuestro BLOG DE ESPIRAL sobre ese fenómeno de masas que provocan los mangas orientados al público juvenil, un auténtico furor que a los aficionados nos sorprende continuamente. Hemos elegido el ejemplo de “TOUCH”, una serie que conocíamos y que consideramos adecuada para el caso. Esta obra, por su calidad y por el tiempo en que se produce, aún temprana esa pasión fan occidental, parece idónea para diseccionar algunas claves de la gran aceptación que ha pasado a tener entre amplísimos sectores del público este tipo de trabajos.

Con el título, “TOUCH”, nos referimos al manga de género spokon (tema deportivo, béisbol en este caso) del autor Mitsuru Adachi que se publicó en Japón entre 1981 y 1986. La traducción en inglés del título japonés refiere la doble vertiente de significado contenida en “TOUCH”, por un lado como onomatopeya que hace el bate de béisbol al golpear la bola, y por otro a la palabra “contacto” (con carácter de afecto). Aquí a España nos llegó su versión anime en la década de los noventa, 101 capítulos emitidos en Tele 5 bajo el nombre de “BATEADORES”.

Con respecto al cómic, fueron 26 tomos en su versión original, aunque en España su edición definitiva llegó de la mano de la editorial Otakuland recopilada al completo en 11 libros desde 2003, en blanco y negro, muy dignamente editados. Teniendo en cuenta la calidad y cantidad de manga que se produce y consume en Japón a diario, es notable que Mitsuru Adachi sea incluido entre los diez magakas más apreciados del país, dato extraído a través de diversas encuestas a los lectores japoneses; incluso el nombre de “Minami”, la chica protagonista de esta historia, ha pasado en ocasiones al lenguaje popular autóctono para denominar a toda muchacha con actitudes deportivas. No paramos de encontrar elogios, pero... ¿qué razones llevan a ello?

La década de los 80, en que se produce este trabajo, constituye la época más fructífera de la comedia romántica en manga, generada como respuesta a los 70, que supusieron obras de temática realista y adulta, con relaciones entre personajes algo más distantes. La economía japonesa vivía un periodo de esplendor, los autores que habían crecido en los aprietos de la posguerra habían madurado el cómic de producción nacional orientándolo hacia temas serios o controvertidos, y quizás se habían distanciado demasiado de los jóvenes que habían nacido en la época próspera. Eso provocó la necesidad de que el Manga se diversificara hacia una vertiente más distendida, sin que ningún género se perdiera por el camino, sino que cada uno tuviera su público y ayudara a crecer al arte de sus historietas. También, el reto era encontrar un camino que consiguiera cautivar atemporalmente a amplios sectores de lectores diferentes, que se saliera del cliché de los géneros, y entonces la respuesta a este complejo dilema se pudo encontrar invirtiendo reflexión en el ser humano en sí y las relaciones entre ellos, que es algo que por lo general a todos nos interesa de una forma u otra.

Como señalamos, el público adolescente (14 a 18 años) se sentía alejado de aquella producción anterior, y por ser un gran mercado -teniendo en cuenta que hasta los 90 el manga no se globalizó- las editoriales comenzaron a producir un género específico para ellos: shonen para chicos y shojo para chicas. A todo aquel ajeno a estos términos, decir que el primero se caracteriza por contar historias humorísticas con protagonistas masculinos, a menudo primerizos en aventuras amorosas y obsesionados en conquistar a una chica estereotipada y perfecta, a la que mientras también corteja otro tipo guaperas y pedante. El shojo relata aventuras con protagonistas femeninos que dan rienda suelta a sus ensoñaciones, estéticas y poniendo gran énfasis en las relaciones humanas. Adachi es sabedor de la expectación que comienzan a despertar estos argumentos en los jóvenes, desarrollados en multitud de páginas y repetidos en otras tantas colecciones, así que hibrida ambos en un manga deportivo, TOUCH, contando con el trasfondo del béisbol, deporte predilecto en los EE.UU., y uno de los más practicados en Japón tras su fuerte occidentalización terminada la Segunda Guerra Mundial. Determinar este cóctel de aficiones y sentimientos abrazados y la manera en que lo produjo, fue un acto que logró causar rápidamente una fuerte empatía con la gente.
Pasando a la historia en sí, nos presenta a un conjunto de adolescentes en el último año de secundaria (15 años) que viven llenos de aspiraciones antes de iniciar el bachillerato, ciclo de tres años en los que, aparte de estudiar, la mayoría de chicos se adscribe a un club deportivo de su escuela, el más solicitado el de béisbol debido a la gran afición que despierta allí, como decimos. Anualmente, cada centro educativo presenta a su club a la fase de clasificación para el campeonato nacional de béisbol, quedando como finalistas uno por cada prefectura, siendo el total 47, más la isla de Hokkaido y 1 distrito más para cada una de las ciudades de Kioto, Osaka y Tokio. Los finalistas disputarían el partido definitorio en el Koshien Stadium de la ciudad de Nishinomiya, considerado todo un honor para la escuela, la zona geográfica a la que se adscribe y un motivo de orgullo para los estudiantes, que además en tal escenario podrían entonces tener una oportunidad para mostrarse y recibir ofertas del deporte profesional. Conviene aclarar que en este momento histórico los japoneses normalmente adquieren su primer empleo tras la juventud y lo mantendrán toda su vida, de ahí la relevancia que se pone en la competitividad a esta edad, pues el sistema contempla y elige ya a las personas más prestigiosas de cada generación.


Imbuidos en este espíritu de sacrificio y rivalidad, nos trasladamos al Sakuramachi Miracles, club de béisbol de secundaria de la escuela donde estudian los hermanos gemelos Kazuya y Tatsuya Uesugi y su vecina Minami Asakura. Desde pequeños, los tres han convivido como hermanos, sobre todo en una casa conjunta de estudios que han construido ambas familias en el jardín; se trata de un lugar común que los padres de unos y otra les construyeron para desarrollar sus juegos y actividades. Kazuya es el hijo ideal, estudioso, buen deportista, sacrificado, con una exquisita educación y gran aceptación por todos. Minami es su contrapartida femenina, igualmente destacada en todo y bien considerada por la mayoría; Kazuya y Minami son vistos por familia y entorno como la pareja ideal para el futuro, y su éxito en la vida se por hecho en la historia. Tatsuya es el protagonista real de la historia, un chico normalito, sin aspiraciones, algo patoso, vago, a veces irónico hasta molestar y en coordinación todo un desastre. Pronto empezarán una nueva etapa de sus vidas que los sacará de su niñez y el gran reto que ella les propone es que cuando entren en bachillerato le conquisten el Koshien para ella, a ambos, pues desde el principio queda claro que su mayor aprecio es por Tatsuya, lo que despertará celos en Kazuya.

Los tres están en una edad a la que se empiezan a descubrir nuevas emociones y sentimientos ajenos a la infancia, y la forma en que se liberan tensiones juegan un camino importantísimo hasta su maduración. Ahí comienza a rodar una historia en la que Tatsuya, el gemelo “imperfecto” en principio preferirá la comodidad del conformismo ante el reto de los estudios y el deporte, pero todo el tiempo estará espoleado por su ambiciosa vecina, y poco a poco comienza a despertarse en él la necesidad de crecimiento personal y vencer el miedo al fracaso. A veces con bastante incomprensión por su propia parte (es lo que lo hace el personaje más realista: ¿qué sentido tiene la competición?), pero no le queda sino luchar teniendo como espejo a su hermano exacto, lo que él debía ser, lo que ella y la sociedad le piden que sea pese a sus inquietudes propias. También ella se inspira en Kazuya para progresar; éste, pese a no ser ni el protagonista ni el villano, se transforma en el rival a batir, pero también es verdad que, con la dulzura que lo retrata Adachi, el chico es siempre un modelo a seguir y ciertamente cae bastante bien al lector. Por su carácter, Kazuya no piensa renunciar a nada, ni a ser el mejor ni a dejarse arrebatar el amor de la chica; no está dispuesto a hacer concesiones.

A cada página se va incrementando el interés de la narración, desde los detalles hasta los hechos trascendentes, como sólo los japoneses saben hacer, definiéndonos con maestría el día a día de estos personajes tan bien caracterizados, haciéndonos partícipes de sus altibajos, sopesando sus decisiones, actuando con ellos , riendo, llorando, luchando por sus retos, ... Igualmente hay toda una pléyade de personajes secundarios que también quedarán definidos con bastante corrección y que dado su carácter intervendrán sólo en los momentos necesarios. Se puede decir que la historia se desarrolla en dos grandes arcos narrativos: los 3 primeros tomos (edición española), donde se desarrolla una historia de alto contenido dramático, y los restantes del 4 al 11, que heredarán las consecuencias de aquellos.

El dibujo es sobrio, elegante, preciso con cada detalle o efecto, de línea fina y delicada, muy bella, con uso hábil de los rellenos en negro, y como curiosidad cabe destacar que Adachi dibuja los rostros bastante parecidos, idénticos en el caso de Minami, Kazuya y Tatsuya, aunque en ningún momento confundes personajes (¿hay algo aquí de ego de autor: endogamia hacia su propia creación, enamorando a su personaje de alguien con su misma cara?). Las facciones y anatomías de los personajes varían según la situación, si es seria todo es más estilizado y si hay burla se empequeñecen y caricaturizan; también hay lugar para que el propio autor se introduzca en la narración a modo de notas aclaratorias. Asimismo es ciertamente destacable el detallismo en la representación gráfica de los lugares que los personajes habitan: la casa de estudios, la escuela, la cafetería, podríamos sacar planos arquitectónicos de planta, alzado y sección de cada uno de estos lugares y construirlos en la realidad. El ritmo es muy pausado, se recrea en la más nimia anécdota, pero sin embargo el movimiento es muy dinámico, aparecen múltiples puntos de vista, giros de cámara, líneas cinéticas y onomatopeyas.

No existen en TOUCH grandes riesgos narrativos, incluso a veces el argumento es previsible, pero la gran cualidad de este trabajo es la forma tan profunda y clara en que nos hace convivir con los personajes y conocerlos página a página, la valentía para representar las relaciones humanas a esta edad adolescente, tan difíciles de narrar y en muchos casos tan mal contadas. Todo es tan sincero hasta tal punto que cuando terminas la lectura echas de menos a esta gente tanto como si de personas de verdad se trataran. Esto es de tal forma así que tras el manga y la serie anime, ambas con la historia inicial de Adachi, se han producido 5 películas de animación y una de imagen real (inéditas en España) que cuentan la vida de los personajes más allá de lo narrado en la colección inicial, pues tanto es el aprecio que consiguen despertar.

Ambientado en una juventud y su circunstancia, la de los años 80 en Japón, pero lo cierto es que desde cualquier lugar y época no puedes dejar de identificarte con la universalidad de los valores de este manga, obra capital de su género que nos parece que era irresistible traerla aquí por constituir un magnífico ejemplo sobre este extendido fenómeno juvenil, que es uno de los principales de los que copan hoy día el mundo del cómic.

OTROS ACERCAMIENTOS A JAPÓN

3 comentarios:

Juan María Gómez Márquez dijo...

Que bien sabes "vender la moto". Que ganas de echarle un vistazo me han entrado...

Fali dijo...

Estupendo post y estupendo manga, uno de mis favoritos sin duda. Es curioso releer la historia y ver lo bien que ha envejecido a pesar de sus treinta primaveras. Otra cosa a destacar el la diferencia en cuanto a la calidad de publicación de las dos ediciones en España. La segunda (OTAKULAND) es mil veces mejor que la primera (NORMA) en cuanto a calidad del papel, fotolitos, traducción... otros tiempos y otra forma de hacer las cosas.

Maese ABL dijo...

Queridos Fali y Juan María,

Pues qué decir que me siento muy halagado por lo que me toca en vuestras palabras, pero mucho más del hecho de que alguien más comparta o rescate una buena lectura de hace tanto tiempo.

Si leisteis la entrevista anterior de este especial dedicado a Japón, que era también de la época de los 80, una de las cosas que personalmente más me aportaron fue este párrafo: "Los cómics americanos tienen tendencia a aparecer con una estructura, y una estructura que permanece de manera individual. Los cómics japoneses tienen tendencia a que una estructura interfiera con la siguiente estructura, avanzando secuencialmente. Cuando Superman vuela por el cielo, si se dibuja en una única viñeta, es un cuadro inmóvil. En los cómics japoneses, un personaje volaría en tres viñetas mientras se le va enfocando la cabeza, el cuerpo y el pie."

Yo creo que la introducción de la forma de narrar que el manga fue desarrollando ha traído muchas cosas buenas al cómic que se hace hoy día en Occidente, y también ha ocurrido en la otra dirección. También comparto eso de que obras que son ya patrimonio, como "Touch", han envejecido muy dignamente y por supuesto siguen emocionando a lectores e influyendo a artistas; aún recuerdo las reticencias iniciales de alguna gente (yo el 1º) y cómo se entregaron después. Todo en la vida es probar e intentarlo, que es lo que sugieren los artículos que con tanta dedicación hace mucha gente en Internet cuando lee algún buen trabajo.

Yo confieso que fui directamente a la edición de Otakuland; aunque Norma compila y edita muy dignamente, por esa época me gustaba menos.