martes, 20 de diciembre de 2011

ENTREVISTA A ALAN MOORE SOBRE JERUSALÉN [Junio de 2011]. Parte 1


“Jerusalén” es el trabajo en cuya elaboración anda atareado Alan Moore en la actualidad. Es en el momento presente cuando se ha centrado exclusivamente en esta novela, aunque lleva varios años realizándola en combinación con otras cosas. En ese tiempo el escritor británico se ha referido a detalles de ella en sus entrevistas y podríamos ya obtener una primera idea sobre de qué va. Sin embargo, la mejor manera que nos ha parecido para hablar de este proyecto aún inédito es que sea el propio autor quien nos lo desvele a través de sus palabras, para lo cual acudimos a una reciente entrevista centrada en “Jerusalén” concedida a Helen Lewis Hasteley y de la que ofrecemos una traducción incluida en este ESTUDIO SOBRE ALAN MOORE Y NORTHAMPTON.

Redacción por Maese ABL

-Comencemos hablando sobre ‘Jerusalén’, que lleva elaborándose desde hace tres años...

Creo que la empecé por 2008. Debo señalar que mi anterior novela, que era mucho más pequeña, me llevó cinco años. Así que aunque ‘Jerusalén’ me lleve incluso otro año, probablemente estoy por encima de mi anterior marca.

Estuve hablando con el profesor Steve Jones en uno de esos actos que hice, los ‘Uncaged Monkeys’ [Monos Inenjaulables] en el Hammersmith Apollo. Le estuve contando que “Jerusalén”, cuando había pasado de los dos tercios de mis objetivos, tenía ya más de medio millón de palabras. Me dijo: “Vaya, eso es mayor que la Biblia”. Me quedé bastante contento con eso. Me espero que el resto del mundo confunda cantidad con calidad. Indudablemente es un libro muy grande.

-¿Entonces va a tener un millón cuando lo tengas terminado?

Tres cuartos, me imagino. Para la parte final del libro –la tercera parte- decidí que quería acelerar la narración, para que no pareciera cansina.

Esos últimos capítulos son todos bastante complejos de realizar. Su extensión puede variar, pero el capítulo de “Lucia Joyce” fue el que me obligó a interrumpir la publicación de “Dodgem Logic” para poder dedicarme a escribir “Jerusalén” durante 18 meses.

Es el capítulo más largo del libro. Ocupa en torno a 35 páginas a un solo espacio y son todas completamente insondables. Están todas escritas en un texto sub-joyceano totalmente inventado. Lo leí de nuevo con atención y no pude entender la mayor parte de él... No, puedo entenderlo todo de él. Es la única forma de que pueda haberlo escrito. Ha sido un experimento.

El capítulo anterior, que terminé hace poco, era todo al estilo de una obra de Samuel Beckett. Con el propio Beckett como personaje y Thomas Beckett, sólo para hacer la narrativa más confusa –y John Claire y John Bunyan y varios otros personajes que aparecen como fantasmas.

Es un pequeño acto que se sitúa bajo el pórtico de una iglesia gótica de Northampton. Eso tiene su relevancia: Samuel Beckett visitó Northampton. La primera vez que vino fue cuando jugó al cricket contra Northampton.

Hay un campo de cricket al final de la calle donde yo vivo –se menciona en ‘Wisden’s Almanac’ que Beckett jugó contra Northampton y, en esa noche en particular, todos los miembros de su equipo decidieron salir a visitar los numerosos pubs y prostitutas por los que Northampton (aparte de botas y zapatos) era principalmente conocida. A Beckett no le apeteció eso, así que simplemente decidió salir a pasear por las iglesias. Lo recreo como parte de mi trabajo en el capítulo 29.

No tengo ni idea de cuánto ocupará cada uno de los capítulos del final del libro. Son todos experimentos.

-En la era de Twitter, ¿no hay una parte de ti a la que le preocupe que nadie vaya a terminarlo?

Absolutamente ninguna, con tal de que yo lo termine. Ésa me parece la cuestión principal. Naturalmente, tengo dudas de que la gente sea capaz siquiera de sostenerlo en sus manos. Va a ser un libro muy grande. Hoy estuve hablando con gente que podría involucrarse en su publicación. Y sugirieron: ¿por qué no acudimos a un editor de la Biblia? ¿Lo imprimimos en papel de Biblia?

-¿Como un gran misal?

Eso sería fantástico, ¿no crees? Además, no me disgusta la idea de hacer algún tipo de ebook después de ello. Probablemente yo nunca lo lea porque la verdad es que no me llevo bien con esa clase de tecnología, pero no me opongo a que aparezca de esa forma. Mientras logre mi enorme y fuertemente hipnotizante libro para colocarlo en mi estantería y poder recrearme, quedaré contento.

Y la gente lo leerá o no, ¿quién sabe? Podría terminar como ‘Una breve historia del tiempo’ de este año, que a la gente le gusta tener en sus estantes, si de veras en el futuro seguimos teniendo estantes, pero que no necesariamente lo lee.

A mí me gusta pensar que la gente se sumergirá en él porque tiene una lectura muy accesible –aparte del capítulo de Lucia Joyce, que es completamente incomprensible. El resto probablemente es más agradable de leer de lo que lo han sido algunos de mis anteriores trabajos. En este libro presento algunos conceptos importantes y extraños, por lo que me figuro que a la mayor parte del libro le viene bien si esos conceptos se expresan en términos simples y accesibles.

-Y hablaste de “refutar la existencia de la muerte”.

Pensé que parecía un proyecto sustancial, ahora en el ocaso de mi vida. Hay muchos otros temas en el libro, pero una de las tesis centrales se basa en mis meditaciones sobre la mortalidad y el tiempo.

Me parece que si entiendo correctamente a gente como Stephen Hawking, éste quiere decir que vivimos en un universo que tiene al menos cuatro dimensiones. Estuve hablando con un teórico de esa corriente y considera posiblemente 11.

-Curiosamente entrevisté a Brian Green recientemente. Dice que se van rizando todas como un pelo sobre una alfombra.

Pequeñas dimensiones que se estrujan escondidas dentro de las que nos son familiares. Creo que debe haber al menos cuatro y si eso es correcto la cuarta dimensión no es ningún tipo de plano místico. Es una dimensión, tal como las otras tres. Es una dimensión física y material.

Cuando Einstein habla de que el espacio-tiempo tiene una curvatura, si el espacio-tiempo incluye las tres dimensiones que nos son familiares, eso implica que debe estar curvado a través de la cuarta, lo que sugiere que la cuarta dimensión como yo la entiendo no es el tiempo. Pero es nuestra percepción del paso del tiempo –el universo es un sólido de cuatro dimensiones en el que nada se mueve y nada cambia.

Lo único que se mueve en ese sólido a lo largo del eje temporal es nuestra conciencia. El pasado todavía está ahí, el futuro siempre ha estado aquí y, en este sólido gigantesco, cada momento que ha existido alguna vez o que existirá está existiendo limítrofemente en el mismo momento.

En este gigantesco hipermomento del espacio-tiempo –y eso incluye todos los instantes que componen nuestras vidas individuales- me parece que nadie va a ninguna parte. Pensemos en un viaje tipo por la tercera dimensión: vas conduciendo a lo largo de una calle, por ejemplo. Ahora esas casas detrás de ti se van desvaneciendo; no puedes verlas más. Pero no dudes que si pudieras invertir el coche esas casas todavía estarían ahí. La cuestión es que nuestra conciencia se mueve sólo en una dirección a través del tiempo. No podemos dar marcha atrás. Pero creo que lo que la Física nos dice es que esos momentos todavía están ahí y creo que cuando llegamos al final de nuestras vidas, los 70 u 80 años de edad, es sólo una dimensión física... Es cuánta distancia llevamos en el tiempo y cuándo nuestra conciencia alcanza el final nuestras vidas, no hay ningún otro lugar al que ir más que volver al principio. De modo que terminamos nuestras vidas una y otra vez un número infinito de veces y, cada vez, estamos teniendo exactamente los mismos pensamientos, diciendo exactamente las mismas cosas, haciendo exactamente las mismas cosas como las hicimos y dijimos la primera vez. Si acaso tuviera sentido hablar de una primera vez. Creí que pensaba esta idea por mí mismo porque era un genio... Y resulta que los Pitagóricos ya tenían un tipo de versión de una gran repetición. Se basaban en la idea de que cuando este universo termine, porque el tiempo es infinito, entonces estaría destinado a ser otros universos y, como estos universos son finitos, habría finalmente otros universos exactos a éste, lo que no pienso que realmente se sostenga científicamente.

Mientras haya esta idea de la dimensionalidad de nuestras existencia, se sostiene. No veo otro camino a su alrededor que no haga completamente contradictorio uno de los principales pilares conceptuales de la Física Moderna y, a medio camino de la realización de ‘Jerusalén’, me topé con esta bonita cita de Albert Einstein que resumía completamente todo lo que estaba intentando decir pero muy elocuentemente y en una extensión mucho menor que tres cuartos de millón de palabras.

Aparentemente él estaba consolando a la viuda de un compañero físico –ocurrió sólo un par de meses antes de la propia muerte de Einstein- y dijo: “Para un físico como yo, la muerte no es en realidad una cuestión importante”, y ahora yo lo estoy parafraseando. Él dijo: “La muerte no es en realidad una cuestión importante porque entiendo la persistente ilusión de la transitoriedad”.

Pensé que la “persistente ilusión de la transitoriedad” lo decía todo. La persistente ilusión de que las cosas se marchan. Personas, momentos, lugares, no creo que se vayan. Creo que, en cierto sentido, cada momento es eterno. No estoy intentando sacar una religión de esto y te darás cuenta que no requiere de Dios.

Por lo tanto no es realmente otra vida; es simplemente tu vida. Es una idea bonita y secular de continuidad que yo creo que científicamente es creíble. Y si es verdad o no, tampoco sería una mala manera de vivir.

-He de decir que la idea a la que estoy más acostumbrada sobre ello es el multiverso infinito, donde todo repercute en algún lugar. Cada acción que hagas.

Ésa me parece una idea horrible porque cualquier cosa que hagas siempre hay otro tú que lo ha hecho mejor.

-Sí, pero hay otro yo que lo ha hecho peor.

Es cierto, de modo que al final del día de alguna forma relativiza toda moralidad o acción fuera de la existencia.

Recuerdo que leí una historia de Larry Niven, que es un autor que no me gusta nada, pero habla de una detective privado que está investigando una ola de suicidios y finalmente los conecta todos en torno a un anuncio en la prensa sobre que los mundos paralelos son sin duda reales, que hay una serie de mundos paralelos en los que existe un infinito número de versiones de ti. Y de alguna forma se encuentra pensando sobre ello y pensando que quizás ello fuera lo que causó los suicidios.

Hay una especie de desesperación existencial en el pensamiento de que no importa lo bien que lo hagas, hay un millón de otros tú que sufren en horribles circunstancias y un billón de otros tú que lo hacen mucho mejor. Él está pensando sobre esto y saca su pistola del escritorio y la pone contra su sien y la deja ahí por un segundo, y entonces piensa: no, no, nadie se mata a sí mismo por una oscura teoría filosófica. Y devuelve la pistola al cajón otra vez. Y pulsa el gatillo pero la pistola no dispara. Y pulsa el gatillo pero la bala sale vertiginosamente y se estrella contra el techo. Y pulsa el gatillo y se vuela la tapa de los sesos. Y hay sólo esta serie de diferentes resultados al final de la historia, todos ocurriendo en uno u otro mundo paralelo.

Mucha gente encuentra la idea de vivir tu vida una y otra vez absolutamente terrorífica; hay alguna gente que lo encuentra un consuelo. Hay otros a los que les espanta.

-A mí no me importa con tal de que no lo sepas.

Eso es lo bonito de ello. Otro aspecto de esta creencia es que no hay libre albedrío. Que es algo que observo que aflora mucho recientemente en los Nuevos Científicos. La idea de que vivimos en un universo determinista.

Hay una escena en mi libro donde una de estas figuras tipo ángel simbólicas, decorativas en fuentes, de la clase trabajadora, le habla a una de las figuras más humanas y la humana le pregunta –no podemos llamarlos “ángeles”, no son como los ángeles de las tarjetas navideñas, son un poco más reales –pero una tipo humana le está hablando a uno de esas constructores celestiales y dice: “Oye, ¿tuvo alguna vez cualquiera de nosotros realmente libre albedrío?” Y el ángel mueve su cabeza y dice: “No... ¿lo echaste de menos?” Entonces ambas se echan a reír.

Por lo que yo veo, no es tan importante que tengamos libre albedrío mientras tengamos la ilusión de libre albedrío que impida que nos volvamos locos. Realmente tenemos la ilusión de libre albedrío. Se percibe como si viviéramos cada momento por primera vez, como si pudiéramos hacer cualquier cosa, como si pudiéramos decir cualquier cosa, pero ése no es el camino al que la ciencia parece encaminarse.

Mi científico favorito, lo que se fundamenta bastante en el hecho de que tenga un nombre increíblemente guay, es un tipo llamado Gerard’t Hoof. Trabaja en una teoría que dice que aún no puede probar porque no tiene microscopios con la resolución adecuada para comprobarlo, pero lo que propone es que hay una capa más fundamental que la capa del quantum, que no todas las características de la incertidumbre del quantum que son tan extrañas y peculiares se pueden resolver como si nunca hubieran existido, que pondría en cuestión por completo el modelo clásico [de la Física] y el modelo cuántico. El único problema que tiene es que si no hay incertidumbre cuántica entonces no hay libre albedrío.

Por lo tanto, parece haber varios vectores que se encaminan en esa dirección y se está debatiendo sobre si descubrimos que no hay libre albedrío, ¿no querrá decir eso que simplemente seguimos el alboroto? La cuestión básica es que la mayoría de la gente estaría predeterminada a no creerlo.

-Sí, y también todo aquel que participe en el sistema de creencias. Puedes ir por ahí diciendo que todo es una ilusión pero eso no repercutirá en cómo la gente te trate. Me pasa mucho cuando me divierto con los videojuegos: patológicamente tiendo a ser amable con todo el mundo porque quiero que la gente de los videojuegos me trate como si fuera una persona amable, incluso aunque no haya consecuencias morales y sea todo por completo una realidad virtual. Lo tengo muy arraigado.

El caso es que yo nunca juego a los videojuegos pero mi esposa, Melinda, ha estado desperdiciando horas preciosas de su vida con ellos y me habló de uno en que había hecho algo ruin –porque pensó que tenía que conseguir pronto algún objetivo del juego-y entonces durante el resto de su vida como personaje en esa partida, había continuamente aldeanos rondando que le recordaban que se hubiera comido esos gatitos o lo que fuera.

-Sí, creo que me suena, deber ser o ‘Fable’ o ‘Dragon Age’.

Sí, ‘Fable’, ése era.

-Te señalan y dicen, “Tú lo mataste, tú lo hiciste”, y tú respondes: “¡Lo siento! No era mi intención”.

Ella comenzó a sentirse realmente mal por estos gatitos o lo que fuera que se había comido y casi estaba empezando a parecerle que lo había hecho en la vida real ya que la desaprobación de estos aldeanos virtuales estaba empezando a pesar sobre ella. Por supuesto que eso ocurre.

Cuando oí por primera vez sobre realidad virtual en el contexto de los videojuegos, lo primero que pensé fue: ¿hay de otra clase? ¿Es todo principalmente virtual o no? Nosotros no experimentamos la realidad directamente; experimentamos nuestras percepciones.

Hasta cierto grado, esto es ya una realidad virtual. Por lo tanto, no me sorprende que la desaprobación de la gente en los videojuegos nos afecte tanto como la desaprobación en la vida aparentemente real. Solía darme cuenta de esto cuando yo jugaba, cuando curioseaba los ‘Invasores del Espacio’ o ‘Tetris’ o algo por el estilo.

De forma que, hace mucho tiempo, descubrí que estaba experimentando reacciones de adrenalina, me estaba estresando por cosas que no estaban ocurriendo realmente, estaba teniendo reacciones viscerales ante el hecho que veía en la pantalla, incluso aunque fuera sólo a pequeña escala, probablemente algo que ver con las neuronas espejo. Tendemos a reproducir una experiencia fantasmal de lo que hemos visto. Si vemos a alguien ejecutando una acción, se encienden partes de nuestro cerebro como si estuvieran llevando a cabo la misma acción.

De modo que debe pasar algo así con estos juegos. Yo me solía sentir irritado, principalmente conmigo mismo, por jugar a la partida tanto tiempo pero...

-Pero eso también pasa con los libros, ¿no? Si te identificas fuertemente con el protagonista entonces te pones en su lugar, particularmente cuando es una situación embarazosa o se han aprovechado de ella.

Exactamente, o viendo algo de la comedia sobre crueldad post-Ricky Gervais, me doy cuenta que he tenido que cambiar de canal, o, al menos, volverme cuando había indicios de que en la televisión pasara esto. Cuando había una parte particularmente atroz, incluso si era un personaje concreto el que estaba a punto de ser humillado, no quería verlo. Empatizaba demasiado.

Y cuando oí acerca de las neuronas espejo pensé que, vale, apuesto a que no sólo se aplica a una persona normal llevando cabo una acción, apuesto a que se aplica a una película de una persona llevando a cabo una acción, apuesto a que se aplica a una fotografía de alguien llevando a cabo una acción, apuesto a que se aplica a un texto bien escrito.

Me doy cuenta que si estoy viendo a alguien en la televisión o en el cine que está sobre el alféizar de una ventana en una posición muy precaria mi mano empieza a sudar y siento que la sensación avanza hasta la planta de mis pies. Si estoy leyendo un pasaje como ése experimento la misma sensación, y eso me parece interesante porque como escritor me interesa conseguir reacciones fisiológicas de verdad en mis lectores. Si escribo algo lo suficientemente bueno, ¿es posible que ponga de verdad a tu lector –al menos temporalmente- en ese estado extremo del que estás escribiendo?

-¿No te preocupa eso, que implica que hay una dimensión moral en tu escritura? Particularmente si escribes sobre superhéroes; les dejamos hacer cosas que serían horribles si se las dejáramos hacer a un persona real.

En realidad ya no escribo sobre superhéroes. He cambiado drásticamente mis ideas sobre lo que van los superhéroes en los últimos cinco o seis años, pero cuando solía escribirlos me parecía que la moralidad era más importante que cuestionar de verdad el concepto de heroísmo y particularmente super-heroísmo.

Creo que es una idea peligrosa si no la analizamos. Adolf Hitler era un héroe para la gente de Alemania. Quizás mucha gente que hemos descrito como héroes eran una especie de psicópatas, no tenían el mismo sentido común del miedo o la moralidad como persona que otra gente. Oliver North era un héroe para una inmensa parte de los americanos.

Es peligroso como concepto, y ésa es una de las cosas que intentaba decir en “Watchmen”. Intentaba decir que era tan visceral como posible, para poner a mi lector en lugares sobrecogedores e incómodos, porque tenía la esperanza de exponer mis ideas con tal fuerza que pudieran quedar impresionadas en los lectores.

Y no creo que le causes un perjuicio a tus lectores si haces eso. Creo que vivimos en un mundo donde demasiada cultura de la que nos rodea es soporífera y aislante; realmente no nos invita a comprometerse con nuestras vidas en un sentido más significativo, de hecho más bien hace lo contrario. La mayoría de los medios de entretenimiento son una manera de apartarnos de nuestras vidas por media hora o una hora. Lo hacen para entretener, lo que no necesariamente es para decirte algo o para sacar a colación ningún tema moral, y creo que el arte –o al menos me gustaría pensar que mi arte- no puede evitar esa clase de cuestiones.

Tiene que ser un desafío, de otro modo tiene poco sentido hacerlo. Si no supone un desafío, probablemente te está tranquilizando sobre algo y creo que ese algo es probablemente una cosa mala.

No me gusta la idea del arte que tranquiliza, debería estar lanzando preguntas, no diciéndote lo bonito que es todo, que todo está bien. Sí hay un lugar para arte de ese tipo, pero no es arte del que particularmente disfruto, y no es arte del que particularmente disfruto hacer. Me gusta la idea de cierta suma de confrontaciones y llevar al lector a nuevas áreas de experiencia. Creo que ése es el trabajo de un escritor o artista, o al menos como yo lo veo.


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