martes, 6 de agosto de 2013

EXCALIBUR VOLUMEN I. Etapa Alan Davis





Lo que se considera el VOLUMEN I de esta serie dura hasta el episodio 67, y dentro de él podríamos establecer varias etapas:

ESPECIAL “La espada desenvainada”

Nº 1 a 11 – ETAPA CLAREMONT + DAVIS

Nº 12 a 25 – REALIDADES ALTERNATIVAS

Nº 26 a 41 – NÚMEROS DE RELLENO

Nº 42 a 50 – MOTIVO DE LA FORMACIÓN DE EXCALIBUR

Nº 51 a 59 – Diversos autores bajo tutela de ALAN DAVIS

Nº 60 a 67 – “El Regreso de Fénix”

*Nota: este esquema es personal, únicamente creado a modo de estudio propio.

 
Según nos cuenta el Profesor Loki, correro de la edición española de esta publicación en los años 90 e informado de toda la actualidad que iba produciéndose en EE.UU., las ventas de Excalibur en su mejor momento nunca llegaron a igualar a la del resto de colecciones mutantes (por lo normal estaban en torno a 1/4 respecto a Uncanny X-Men, por citar alguna), y el excesivo tiempo que estos personajes quedaron “desatendidos” provocó que se perdiera un buen número de lectores. Como es habitual en el género humano, mientras el grifo no se cierre se deja seguir la corriente aunque sea en decadencia, y hasta que no llega el momento de extrema necesidad no se toman medidas correctoras, como fue la apuesta de Terry Kavanagh, editor marveliano de turno. La serie Excalibur merecía mucho la pena y disponía de valiosos hallazgos, pero como Claremont se había ido desvinculando poco a poco, ocupado en otros proyectos, le pasó el testigo tanto de guión como de dibujo a Alan Davis en solitario. Le dijo: “Haz lo que quieras, diviértete”. 

  El primer número de la ETAPA DAVIS EN SOLITARIO, el 42, apareció en octubre de 1991, y le acompañaban Mark Farmer al entintado y Glynis Oliver al color. Era su estreno como autor completo, pues nunca antes había escrito como profesional; sin embargo, a lo largo de su carrera había tenido la suerte de dar forma gráfica a los textos de grandísimos escritores, y de alguna forma había ido madurando ideas y creando sus propios mecanismos narrativos; otro factor importante es que después de tantos años dibujando y leyendo lo que otros escribían sobre el mundo del Capitán Britania y Excalibur se conocía al dedillo cada personaje, cada situación. Seguro que fue así porque la obra que nos proporcionó con su Excalibur es posiblemente una de las cumbres del tebeo de superhéroes.


 Esta cita del propio Davis clarifica las ideas que bullían en su cabeza: “Quiero que mis historias planteen situaciones peligrosas pero que no sean tristes ni dramáticas. Que siempre acaben bien. No quiero que los héroes, que son positivos, tengan aspectos negativos que les hagan sentir desesperados. En los cómics ocurren cosas grandes, increíbles, y los autores intentamos que la gente crea que algo así pueda ser real”.

Sin duda alguna le dio vida a esta máxima a través de las páginas que nos regaló, desde la primera entrega y capítulo a capítulo asistimos a un trepidante melodrama que nos entretiene, nos arrastra y cautiva con una lógica precisión. Su táctica fue ir atando todos los cabos sueltos que tenía la serie en su rico y variado background, y además ir creando en perfecta sintonía con el patrimonio heredado nuevos personajes, lugares, nombres, emociones, magia. Relacionará a todos los protagonistas, sus personalidades y sus superpoderes, y desarrollado todo ello hasta el número 50 de la serie nos proporcionará una explicación especialmente ingeniosa sobre las verdaderas causas que llevaron a crear el superequipo EXCALIBUR.
  En cada entrega pasan muchísimas cosas, retrotrayéndonos al encanto de los tebeos antiguos, y nuestros héroes quedarán intensamente afectados por la aventura; en especial Meggan, que Davis confiesa que es su favorita y a la que da una dimensión soberbia. El tema es que no sólo hace avanzar a los personajes “ingleses” (con menos relevancia o pasado en la compañía), sino también redefine a los “americanos” consagrados con nuevos conceptos, en especial trabajará a fondo con Rondador Nocturno y con Fénix (ésta uno de los símbolos más visibles de Marvel). En este momento álgido no desentonó pero esto le traería problemas más adelante.
El esfuerzo en la escritura nos resulta asombroso, y sin embargo ello no mermó ni un ápice la belleza habitual de las figuras y escenas de Davis. Cada página en sí y todo el conjunto de ellas conserva en su diseño la viveza, la elegancia, la corrección, la perfecta planificación y agilidad de escenas marca de una estrella del dibujo consagrada. Esta perfecta combinación la justifica él mismo cuando dice que “imagina las historias al tiempo que las visualiza, las viñetas deberían contar la historia sin palabras”. Se reconoce a sí mismo como un narrador visual y señala que él mismo había ido aportando mucha imaginatividad a los guiones que recibía (recordemos que en Excalibur firma desde el principio como co-argumentista).

 
 
Nos quedamos con estas frases de Lorenzo F. Díaz que describen al mejor Alan Davis: “No tiene un gran estilo literario, ni es un autor enormemente original cuyas ideas sorprendan por revolucionarias o novedosas. Su mérito es saber lo que es un buen continuará: acumular poco a poco tensión, sucesivos enigmas, historias paralelas, de cara a un desenlace que se antoja espectacular pero que al final da pie a otra historia”. Y también: “Al contrario que en otros casos, en que el dibujante aprovechaba su condición de guionista para trabajar menos, el Alan Davis guionista obliga a su dibujante a trabajar y potenciar al máximo sus recursos, enfrentándolo a un reparto de personajes enormemente amplio y a la creación de toda una serie de ambientes, que le permiten lucirse como pocas veces”.
 
A partir del número 51 (éste en concreto es genial) Davis se tomó un descanso a los lápices y guionizó diversos números para otros dibujantes. La verdad es que al principio mantienen interés porque siguen cerrando otros temas de la etapa Claremont que estaban en el aire, pero van desinflándose, sobre todo aquellos en que es argumentista y Scott Lodbell realiza los diálogos. El mismo Davis llegó a reconocer que no le gusta escribir para otros, y por ello volvió a dibujar Excalibur en los números 54, 55 y 56, excelentes aunque se nos hacen cortos. Resaltamos que en el nº 54 hizo un merecido homenaje a la obra ALICIA de Lewis Carroll, cuyos hallazgos e iconografía tanto parece haberle influido en sus años de aprendizaje hasta conformar su particular estilo.

Entrados en los 90, MARVEL COMICS se encontraba inmersa en nuevos arcos argumentales y no quería que Excalibur permaneciera ya tan aislada del resto de sus colecciones de mutantes, como ocurrió en su origen, sí de forma justificada. La exigida interacción y varias situaciones impuestas (como el cambio físico en varias ocasiones de Mariposa Mental) sentaron mal a Davis, y además desde la compañía no se veía con buenos ojos que una serie “menor” explicara tantas cosas de su universo, cada vez de manera más ambiciosa y afectando a los emblemas más reconocibles de la casa. En 1993 el autor abandona la colección cerrando brillantemente el ciclo entre los números 60 a 67, en la saga “EL REGRESO DE FÉNIX”, donde de nuevo es responsable total. Sin ser la mejor de las aventuras, ofrece un cálido homenaje a “Días del Futuro Pasado” de Byrne, utiliza muchos más personajes de Marvel UK actualizados al momento (dando la impresión de que tienen tanto lustre como los superhéroes USA) y deja una agradable sensación, como siempre aderezada de su facilidad para diseñar, exponer e imaginar gráficamente todo tipo de situaciones y seres.

 
Incluso proporciona algunas frases que manifiestan que Davis ya confía plenamente en su capacidad de escritor, y que a través de las palabras puede expresarse plenamente. Entre ellas, habla sobre el patriotismo cuando el Capitán Britania comenta: “Me dieron mi nombre y mi traje con mis poderes. No soy un patriota. No me importan los países o los gobiernos. Me importa la gente... la justicia... lo que está bien y lo que está mal”. O esta otra interesante reflexión: “Somos producto de nuestro pasado. Cámbialo y dejaremos de ser lo que somos. El pasado ha desaparecido, abraza tu futuro”.

 
La marcha de Alan Davis señaló el considerado VOLUMEN II de EXCALIBUR y trajo una nueva forma de presentar a los personajes que la hizo diferente, razón por la que éste ya no quiso volver más. Sí hizo todavía otro trabajo destacable para Marvel, de nuevo como autor completo y de creación propia: CLANDESTINE, un grupo superheroico. Nos relata sobre ello: “Yo había dibujado, dibujado y entintado, escrito y dibujado y me apetecía hacer algo mío”. 

 
A pesar de lo que prometía, la colección Clandestine quedó inconclusa y la retomaría muchos años después aunque nos parece que perdió bríos. A título personal, Davis no ha vuelto a encandilarnos con otro trabajo de la excelencia en todos los sentidos que tuvo con la colección que nos ocupa. Parece como si EXCALIBUR hubiera sido la obra de su vida, asimilada en su interior durante muchos años desde sus inicios en el medio hasta que estuvo lo suficientemente madura para salir y ofrecernos una de las mejores propuestas de lo que debe contener el buen tebeo de superhéroes.

 
En España, la editorial PANINI volvió a reeditar esta serie en lujosos tomos con los números 1 a 11 más el especial “La espada desenvainada” que prometían volver a hacernos disfrutar de estos personajes. En cambio, la publicación no pasó de ahí y la sublime etapa de Alan Davis permanece actualmente inaccesible para las nuevas generaciones de lectores. Una verdadera lástima porque sólo podemos encontrar en el mercado de segunda mano algunos números sueltos de la única edición en grapa de los años 90. Seguro que Panini dispondría de algún instrumento o formato que posibilitara recopilar esta gran historia superheroica, al menos su momento más relevante, y traérnosla pronto de nuevo, ¡ojalá! 

 
WEB OFICIAL DE ALAN DAVIS: