Efectivamente, las figuras consagradas del panorama comiquero han sentado unas bases teóricas y han definido una manera de acercarse a las obras a través de la información y la valoración. Pero además día a día aficionados y gente de todos los credos colaboran desde su perspectiva en este ilusionante proyecto de verter al lugar común sus trabajos, pasiones y descubrimientos, por lo general con seriedad y compromiso. Y en la gran mayoría de los casos, profesionales o no, aparte de conformar un enriquecimiento de la información en Internet, hay que destacar el carácter voluntario y altruista de las aportaciones, que -salvo casos contados y los sitios que incluyen publicidad- no reciben ningún reconocimiento económico, y este esfuerzo sale del tiempo libre que resta de buscarse la vida. Es un acto de motivación y solidaridad que me llena de optimismo.
En noviembre de 2010, en la página amiga “Sigue al conejo blanco” publicaron una entrada donde se ubicaba físicamente la acción de la serie “Los muertos vivientes”. Aunque es destacable su suma frecuente y valiosa, un sinérgico trabajo en equipo, la magia de este trabajo en concreto me cautivó, y me llevó a considerar un estudio de los tebeos que más me apasionan desde su localización, que ha dado lugar a nuestro especial de “Love and Rockets”, aún en curso, y a éste artículo que allí han tenido la cortesía de publicarnos:
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