miércoles, 16 de marzo de 2011

Guía para una lectura de “Love And Rockets”: OXNARD. (Parte 1 de 4)


Porque toda obra es hija de un autor y su circunstancia, pero también de su tiempo y del lugar donde se origina, con este artículo presentamos algunas anotaciones sobre Oxnard, la ciudad donde se criaron los hermanos Mario, Beto y Jaime Hernandez, autores de la revista “Love and Rockets”, a la que vamos a dedicar este especial por entregas en nuestro BLOG DE ESPIRAL.
Para contextualizarnos históricamente, habría que decir que Oxnard, hoy día ciudad del estado de California de los Estados Unidos, sufrió en apenas cuatro siglos varios cambios de identidad que han marcado la idiosincrasia de la gente que vive allí. Antes de la llegada de los europeos en 1542, el territorio de Oxnard era habitado por la tribu indígena de los Chumash. Primero se asentaron los españoles, mediante la fórmula de la Misión, hecho que condicionó la fuerte religiosidad de la población. Los nativos fueron educados en la fe católica e integrados en el trabajo de la tierra. Para administrar y controlar el territorio, se repartieron terrenos entre propietarios por medio de un esquema de extensas divisiones rectangulares (ranchos). La explotación agrícola y ganadera se demostró muy fructífera. En 1821 Méjico, incluyendo California, se independiza de España, y a su vez se produce un periodo de llegada de colonos norteamericanos en busca de oro. La población hispana queda equilibrada con la colona (ingleses, holandeses, etc.) y finalmente, en 1850 los acontecimientos llevarán a que California se anexione a Estados Unidos.
El territorio de la costa oeste norteamericana es muy llano y extenso, con dos límites: el océano Pacífico, esa gran extensión de agua, y separado del hostil interior del continente (a causa del desierto) por grandes cordilleras. Estos factores han condicionado que no haya interrupción física al crecimiento de asentamientos humanos a lo largo de la costa. Y respecto al clima, decir que es agradable, parecido al mediterráneo, seco y caluroso.

El colono Henry T. Oxnard programó una plantación de azúcar en el lugar que hoy ocupa la ciudad de Oxnard (en funcionamiento desde 1899 hasta 1959) y las infraestructuras de ferrocarril que establecieron los USA favorecieron el comercio del producto, y a su vez provocaron que a principios del siglo XX llegaran en masa trabajadores chinos, japoneses y mejicanos. Todos los obreros serán nuevos pobladores, y por la facilidad de desplazamiento que permite el uso del automóvil se los irá destinando poco a poco y separados según su procedencia en diferentes barriadas cercanas, morfología urbana producto de la segmentación cuadriculada que se había hecho de la tierra. Los habitantes blancos permanecerán en el centro de la ciudad, el dowtown. Muchos teóricos llaman a este fenómeno la “Ciudad Dual”, pues aparecen zonas próximas sin barreras físicas pero que van quedando separadas económica y socialmente: los blancos están en el centro, y mandan en el mercado laboral, pero necesitan de la mano de obra, de forma que los hispanos vivirán en unas zonas, los orientales en otras, los negros por otra, etc.
Durante la Segunda Guerra Mundial la costa oeste de los Estados Unidos alberga bases navales, una de ellas en Oxnard . Entonces, la zona se especializa en la producción de tecnología militar, sustituyéndose los sectores agrícolas y ganaderos por el desarrollo industrial y la microlectrónica. Se puede decir que la historia de la zona ha sido floreciente económicamente; sin embargo, la naturaleza parece devolver la sobreexplotación de sus recursos mediante destrucción: la cercanía de la falla de San Andrés (encuentro entre la placa americana y pacífica) provoca temblores, también se producen tornados, inundaciones, sequías, incendios, ...
La segregación social hace que cada barriada viva muy anclada a sus raíces, y por eso se producen contrastes muy cercanos en el gusto cultural. También provoca que se marginen distritos y caigan bajo el umbral de la pobreza; en ello los medios de comunicación locales han jugado un factor relevante, creando una conciencia del miedo al criminalizar a sectores amplios de la población tras algún suceso de gravedad. Incluso en ocasiones se ha tenido que crear el estado de control policial por la creciente violencia. Esto queda enmascarado por la bondad del clima y la vida costera o las energías positivas de la población.
Jaime Hernandez aporta en sus caracterizaciones estos elementos de la idiosincrasia californiana; también nos introduce en sus paisajes urbanos. Y aunque veamos que los personajes pasan malos ratos y su entorno no es perfecto pero en el fondo sólo nos quedan las enormes ganas de vivir que transmiten. También nos hace llegar su admiración por las chicas de California, él mismo reconoce que Maggie y Hopey representan a chicas que veía por la calle desde que era joven.

Actualmente, Oxnard posee 200.000 habitantes. La ciudad dispone de un amplio y extenso terreno por el que expandirse, y por eso se produce un tipo de edificación de una o dos plantas, insertas en barrios higienizados (con amplias calles y zonas verdes para cada casa) que se ve ampliamente en los dibujos de Jaime. Cabe destacar que no existen rascacielos en la ciudad, o al menos durante la infancia y juventud de los hermanos, tiempo sobre el que trata este artículo. El primero no se construyó hasta 2005.
Otra característica propia de la ciudad es la escena punk que presenta, muchas de las bandas que crean este tipo de música son originarias de aquí. El punk es una derivación del rock, en una vertiente sencilla y cruda de su estructuración musical, que bebe de diversas fuentes, influenciado por el mestizaje cultural que vive el país. También es éste un gusto que desarrolla Jaime en sus historias, a través de ellas notamos que se siente integrado en la cultura californiana.
El carácter con el que Beto Hernandez se enfrenta al comienzo de “Love and Rockets” (al menos en ese principio con Palomar, su obra más celebrada), por el contrario, es más reflexivo que un retrato. Obedece a una respuesta de crítica social sobre el fenómeno que provoca esta fragmentación social de la que hemos hablado; está más apegado a sus raíces lejos de Oxnard, siente parte de la nostalgia de que sus parientes hubieran abandonado su origen para progresar y llegar a un sitio en el que no terminaron de prosperar, y eso se nota en los guiones que realiza. Pero en general, destacamos el compromiso de ambos autores con lo que los rodea, no sólo contextualizando sus creaciones en el ambiente que viven o sienten, sino también haciendo participar al dibujo en su descripción, a destacar cómo introducen gran variedad de trazos raciales con una gran naturalidad y belleza y sin caer en convencionalismos. Entre ambos crearon esa sinergia necesaria para progresar, mal confundida con la competición.

Un fenómeno que sin duda marcó la infancia de los hermanos Hernandez, al igual que la de todos los californianos, es la San Diego Comic-Con Internacional. Se trata de la convención anual más importante de los Estados Unidos y se lleva celebrando desde mediados de los años 60. Seminarios, talleres, tiendas, disfraces y todo tipo de actividades relacionadas con las artes populares dan una idea de la importancia del la industria del cómic en el estado de California y acercan en bastante medida el mundo del cómic a la población, que lo vive con una gran aceptación en su día a día. 1982, el año en que los hermanos Mario, Beto y Jaime Hernandez vendieron por primera vez su fanzine “Love and Rockets” , por entonces autoeditado, en la San Diego Comic-Con, también tuvo la visita de Alan Moore –que aún no había trabajado para el mercado americano- y supuso la primera vez que el inglés viajó a los USA. No sabemos si coincidieron ese mismo año, pero lo cierto es que Moore desprende desde siempre admiración por el trabajo de los de Oxnard. Por otro lado, en 1985 seguro se encontraron, pues ellos estaban asentados en la industria y el escritor británico acudió a recoger el premio Kirby (organizado por Fantagraphics, la editorial que lleva publicando todo este tiempo “Love and Rockets”) por su Swamp Thing. En la actualidad, los hermanos gozan de su vida privada con sus propias familias, Beto vive en el estado de Nevada y Jaime se ha trasladado a otra ciudad de California.