lunes, 21 de marzo de 2011

Guía para una lectura de “Love And Rockets”: LA REVISTA. (Parte 2 de 4)


La familia Hernandez procedía de Chihuahua, Méjico, pero se asentó por motivos laborales en Oxnard (California, Estados Unidos). De madre lectora voraz de cómics (muchos de superhéroes) los hermanos Hernandez pasaron su infancia influenciados por este tipo de lectura, así como bebiendo de la cultura popular mejicana y norteamericana. Fue el mayor, Mario (nacido en 1953), quien comenzó a interesarse un poco más por el tema, y trajo a casa ejemplares del “Zap Comix” de Robert Crumb. Aparte, también pasaba muchos ratos escribiendo y dibujando sus propias historias, y compartiéndolas con sus hermanos pequeños, creando entre todos un inspirador clima de creatividad.
Impresionado por la evolución en particular de sus hermanos Gilbert (alias Beto) y Jaime, Mario los animó a crear un fanzine autoeditado, y así con su ayuda nació en 1982 “LOVE AND ROCKETS” (L & R). Ese año lo vendieron en la San Diego Comicon y también lo enviaron para ver si le hacían una reseña a The Comics Journal, prensa con noticias y críticas relativas al cómic que la editorial californiana Fantagraphics publicaba desde 1977 y que ha continuado hasta la actualidad (aunque hoy día y desde 2006 se lee online).
Gary Groth, el editor, quedó impresionado y en vez de reseñar el fanzine invitó a Gilbert a realizar unas ilustraciones para publicar en el nº73 de julio y además les hizo una oferta para publicar su trabajo directamente como un material de la compañía, y así comenzó la aventura.
La revista “Love and Rockets” llevaría la portada en color y en el interior se desarrollaba en blanco y negro, limitación que motivó que los autores se esforzaran en conseguir la máxima expresividad con esta técnica. La fecha de aparición fluctuaba, y cada número albergaba entre 30-70 páginas (no era un esquema fijo). Contenía historias cortas de los tres hermanos, y aunque en sí eran autoconclusivas, se iban enlazando con las de las siguientes entregas. De esta forma, aunque la publicación era conjunta, con una emergente sinergia entre hermanos y guiños constantes entre sí, cada uno fue concibiendo un universo de vida propia, independiente del de los demás. Aunque no fueron así todas, también se desarrollaron algunos relatos cortos, y además en la revista se incluía sección de correo y de merchandising con productos basados en los personajes de “L & R”.
En un principio, el tema se acercaba a la ciencia ficción, sin duda por el influjo de sus lecturas infantiles. De esta forma, Vortex Comics se interesó en ellos y en 1983 pasaron a colaborar también en esta empresa con una serie titulada “Mister X” de la que llegaron a crear hasta 4 entregas. El guión lo escribían Mario y Beto, y al dibujo estaba Jaime.

Alegando impago y también porque estaban más interesados en desvelar la parte más humana de los personajes que habían inventado (sobre todo buscando la caracterización femenina), y en cómo incidía en ellos el paso del tiempo, en 1984 enfocaron su carrera exclusivamente en “L & R”, y de paso también dejaron a un lado el recurso a la ciencia ficción. Aunque en general no podemos decir que cultivaran un género en concreto a partir de ahora, pues sus historias en realidad sí siguen conteniendo cierta fantasía, la que permiten los recursos del medio del cómic, pero en lo básico hablan de la vida y de cómo se enfrentan a ella las personas en el transcurso de los años.

Ese mismo año, publicaban el nº6 de la revista y ya se leía en todos los Estados Unidos y además algo llegaba a Inglaterra (según atestigua la procedencia de los lectores que escribían a la sección de correo). También en 1984 los Hernandez junto a Fantagraphics organizarán en Oakland, otra ciudad de California, la Petuniacon, su 1ª convención de cómics y también supondrá el estreno de los artistas como invitados en un show. Ya en 1985 a partir del nº 10 comenzarán a llegar reediciones de los números atrasados, porque los primeros están agotados y tienen gran demanda entre los aficionados. Asimismo, Fantagraphics plantea por vez primera recopilaciones separadas en tomo de los trabajos más destacados de Gilbert y Jaime en la revista (los que no contenían ciencia ficción, es decir, “Sopa de Gran Pena” y por otro lado “Maggie y Hopey”). Hay que decir que con esta operación dejaron de lado dos series que los dos hermanos estaban realizando con regularidad: “Stigmata” de Berto y “Rockie y su robot Fumble” de Jaime, y que con el tiempo se olvidarán.
Un detalle curioso en el estilo que van desplegando los Bros Hernandez es la inclusión de palabras y frases directamente en español, quizás nosotros en la traducción no lo apreciamos, pero sí se ve en el original en inglés. La idea del fenómeno del spanglish, dialecto fruto de la conjunción de ambos idiomas, comenzaba a tomar forma en el entorno de la época, tan extensa es la comunidad hispana de EE.UU. Quién sabe si en el futuro no se dará lugar a otro nuevo idioma.

Mario formó su propia familia y poco a poco sus obligaciones hicieron que participara sólo esporádicamente en la revista, y cada vez menos. “Love and Rockets” estuvo publicándose desde 1982 hasta 1996. Fueron un total de 50 números que aparecían sin una periodicidad fijada, como dijimos antes, y esto es lo que se vino a llamar el “VOLUMEN I”, que alberga casi 2000 páginas. El motivo de la interrupción era que Beto y Jaime habían logrado ya un status en la industria y querían impulsar sus propias carreras, trabajando por separado con los personajes que ya habían creado. Eran autores completos, escribían, dibujaban y entintaban, por lo que este cambio se antojaba interesante en su evolución.
Tras cuatro años, en 2000 los Hernandez volvieron a refundar la revista “Love and Rockets”. Sobre todo Beto y Jaime, pues Mario sólo estuvo en ocasiones especiales y únicamente al guión. De nuevo, con los mismos personajes que habían estado desde el principio, y teniendo en cuenta toda la continuidad anterior. Fueron 20 números, con unas 50 páginas, aunque la experiencia volvió a finalizar, en 2007. Esto constituía el “VOLUMEN II”, y se cerró por la inviabilidad económica que les suponía hacer historias al modo de serie abierta pero muy espaciadas en el tiempo. El mercado había cambiado y había mucha competencia con las grandes multinacionales del mainstream. La intención era que a partir de ahora enfocarían sus trabajos a la realización de recopilatorios algo mayores y autoconclusivos, también sobre el mismo universo.
Sin embargo, al año siguiente, en 2008, se decidieron a restaurar la revista, bajo el nombre de “Love and Rockets: Nuevas Historias”. Se trata pues del “VOLUMEN III”, aún en curso hoy, y como novedad se publica sólo un vez al año pero con el doble de páginas que las revistas que habían realizado anteriormente -100 páginas. De momento ya han salido tres ejemplares (2008, 2009 y 2010), y parece que la iniciativa sigue adelante, de nuevo con la participación ocasional de Mario.
Destacamos que todo el tiempo ha sido Fantagraphics la editorial que ha dado soporte a las publicaciones, en cualquiera de sus versiones. Ha habido colaboradores por el camino, debutantes en el cómic que luego se labraron su propio camino, como Daniel Clowes (que apareció en el nº13, en 1985, con su personaje Lloyd Lewellyn, y enseguida pudo realizar un cómic del protagonista en solitario) . Mario Hernandez sólo ha participado con sus hermanos cuando han hecho “Love and Rockets”, aunque también tiene un cómic en solitario al margen de la revista: “Brain Capers” (1990, Fantagraphics). Cabe destacar que su dibujo es quizás el más “realista” de los tres hermanos, siendo quizás su influjo el que otorgó equilibrio para el trazo sin igual -en nuestra opinión- de Jaime, que tiene mucho de la fuerza de Beto, pero que goza de unas mejores proporciones; por ejemplo, su Rena Titañón nos recuerda enteramente a este dibujo de Mario que vemos en la imagen debajo.
Hay historietas dentro del conjunto de la obra que personalmente me resultan de gran interés, como “La muerte de Speedy” o “El sol que ríe”; no obstante, el nivel general es muy alto. Mi experiencia como lector de “L & R”, y me ocurre por igual con Beto o con Jaime, es la de pasar embelesado las páginas, con agilidad aunque admirando sus composiciones y las imágenes que contienen, y en ocasiones me sorprendo diciendo, “ah, ya baja el listón, esta historieta le ha salido más simple, normal, es humano”. Pero ello para pronto tener que volver atrás a rescatar un apunte, un dato relevante, luego otro, y terminas necesitando una segunda lectura para prestar toda tu atención y darte cuenta de la grandeza de las posibilidades que tiene el medio cómic como forma de comunicación.
Otro aspecto a destacar es que las continuas reediciones del material de “L & R” que nos van llegando son recopilaciones más o menos inventadas por la editorial Fantagraphics para aglutinar los arcos argumentales que salían en la revista. Pero resaltamos que originalmente los trabajos de cada uno de los hermanos Hernandez se produjeron y ofrecieron a la lectura en una versión seriada, combinada y fragmentada, como permite una revista periódica. Los libros de Beto o Jaime como tal son un artificio comercial, y algunos de sus relatos cortos de ambos aún permanecen inéditos en recopilaciones aparte de lo que es la revista “Love & Rockets”.
Con respecto a otros medios, resaltamos que se lleva 15 años intentando realizar una película sobre estos personajes, aunque no se llega a ningún acuerdo, de momento. Por otra parte, otra anécdota es que en 1985 se formó en Northampton (Inglaterra) una banda alternativa de rock bajo el nombre de “Love and Rockets”, en homenaje a esta publicación de los Bros Hernandez. Curiosamente, Alan Moore es de allí, admira el trabajo de esta revista y uno de los componentes de la banda, David J es amigo personal y socio habitual en sus actividades musicales. Si el descubrimiento de estos cómics fue realizado a través del escritor o no es algo que no hemos podido contrastar.