domingo, 26 de diciembre de 2010

MISFITS o la enésima vez que nos cuentan los X-Men (¡PERO MOLA!)

Son muchos los artistas ingleses que han emigrado a los Estados Unidos para trabajar al servicio del cómic en su género de los superhéroes y, diantres, también ha sido mucho lo que le han aportado. Pero pocas veces dentro del Reino Unido habrán tenido la oportunidad de adaptar los cómics yankis como tal, más bien tienen sus propios personajes superheroicos, quizás más acordes con la propia idiosincrasia que dice de ellos su estereotipo. A lo mejor eso está cambiando.

MISFITS (que significa “inadaptados”) es el título de una serie de televisión británica emitida en la cadena E4, que se estrenó a finales de 2009, y que hasta la fecha lleva dos temporadas en antena, con una tercera a la vista, pues está teniendo muy buena acogida en el país. Con ella se pretende llenar esa escasez superheroica tipo Marvel que hasta la fecha no se ha fomentado en la cultura del país, como decimos cuna de muchos de los artistas que triunfan en América. Aún no la hemos visto por España, y la única posibilidad de echarle el ojo es en su versión original (también subtitulada), que es lo que hemos hecho con la 1ª Temporada, compuesta de 6 capítulos de algo más de 40 minutos cada uno.
Sobre el argumento: un grupo de jóvenes que no se conocen y que han cometido delitos no suficientes para ir a la cárcel son enviados a un centro de servicios sociales. Allí les imponen realizar trabajos a la comunidad, para que le compensen el mal que le han hecho, y justo en el comienzo de esta nueva etapa se desata una tormenta que les dan poderes especiales. A partir de ahí se ven mezclados en un asesinato y ello se convierte en el motor de la primera temporada. Como citábamos en el título del artículo, la trama alude de nuevo a otra versión de la Patrulla-X, unos marginados por su diferencia pero unidos por su nexo común, en concreto la condena judicial y los poderes, y entonces irán demostrándole a la sociedad en la que no se integran, que no los acepta, que en el fondo lo que son sobre todo es seres humanos. En este caso se actualiza la versión del mutante, reflejando entonces a unos jóvenes de los de hoy, esos a los que la sociedad ha impedido oportunidades y los retiene en la inmadurez bajo la única protección familiar hasta más allá de los 30, siendo obligados Peterpanes que por tanto se vician en el proceso cíclico de su adolescencia. No pudiendo sentirse así vivos en toda su intensidad, la generación que la serie pretende retratar está compuesta por unos miembros que en su mayoría sacan ganas de gamberrear y destrozar, despilfarrar cuando se les pone a tiro todo aquello a lo que no tienen acceso, compensando el menosprecio recibido, y al final el proceso a algunos los vuelve locos o con secuelas y a otros los deja corruptos. En un momento de un capítulo se dice: “La hemos liado gorda, hemos conseguido ser peores que los jóvenes de todas nuestras generaciones anteriores, y ésa es nuestra identidad”.
Los protagonistas son Alisha, Curtis, Kelly, Simon y Nathan, por orden de aparición en la imagen. Ninguno modelos ni actores top ten, más bien normalitos y feuchos, como todo en la serie (decorados sobrios, cielos nublados del sur de Londres –donde se rodó- banda sonora sacada de la música chirriante pop de moda, etc.). Ninguno conoce o controla bien su poder, ni viste disfraz (a no ser el mono-uniforme de los servicios sociales), y conviven en las horas de trabajo forzoso, juntos en el centro social que se convierte en algo así como su base de operaciones, donde se relacionan y poco a poco se van haciendo un grupo. A pesar de representar el caso extremo de una gente muy perjudicada por su tiempo, casi desahuciados, lo cierto es que a medida que los conocemos y las circunstancias les hacen interactuar, va llegando la comprensión y su situación nos va ofreciendo un poco de esperanza, como una metáfora de la oportunidad que pide la juventud actual de reconstruir el concepto que la masa social les ha otorgado. Recuerda mucho a los DV8 (Desviados) para los que el británico Warren Ellis trabajara en Image Comics, la editorial de Jim Lee en USA, aunque estos no se encaminaban al final liberador que yo preveo de alguna manera en Misfits.

Así, Alisha es una chica provocativa, contestona. Luce su físico de manera objetual para seducir a los chicos, y tal vez de esta manera sentirse querida, integrada. En el fondo le acompleja ser rechazada, y el poder que ha desarrollado es el de atraer animalmente (necesidad carnal, insultos sexuales, deseo irrefrenable) a todo aquel que entra en contacto con su piel. Podría ser algo así como un sucedáneo del poder de Pícara de X-Men. Pero aunque al principio disfruta de su nueva habilidad y el influjo que con ella crea sobre todos los hombres, pronto empieza a sentir que nadie la valora por ella misma, a saberse simplemente un objeto de placer para el que roza su piel.

Curtis es el chico bueno que tomó el camino equivocado. Atleta de éxito, tuvo un despiste un día, un problema de trapicheo de drogas en el que se puede ver envuelto cualquiera que frecuente los sitios de ocio nocturnos, y ello lo ha apartado de su fulgurante carrera. Todo cambió para él en ese momento y el poder que ha manifestado es, cuando entra en una situación de extrema tensión o shock provocada por una catástrofe, el de poder viajar al momento clave del pasado que la ha provocado. Pero nunca consigue controlarlo a voluntad.

Kelly no destaca por nada, es la típica “fea pero buena gente”. Demasiado peso, porque ella se deja hacer y al final todos acaban aprovechándose de ella y eso la llevó al mal camino. Su nueva característica especial es que ahora es capaz de escuchar lo que piensa la gente que está a su lado en ese momento.

Simon es extremadamente introvertido. Los demás pasan de él cuando hablan y solamente lo saben ahí, pero no cuentan mucho con él. Sobre todo recibe las burlas y el sarcasmo de Nathan, que lo tacha de raro, pedófilo o pervertido, aunque luego Simon nunca hace nada por limpiar su imagen, él sigue grabando a todos con su móvil en silencio. Realmente nos resulta un personaje inquietante. Sin embargo es el que más lucha por la unidad del grupo y la tragedia que comparten. Su poder es que cuando se siente muy pequeño, ignorado, es capaz de volverse invisible, y tampoco su voz es escuchada.

Nathan es provocativo, un broncas (de boquilla), payaso y le encanta ridiculizar a los demás, aparte de estar obsesionado con el sexo. No tiene control sobre lo que hace o dice, o si hace daño, y a pesar de ello siempre afirma ser honrado, injustamente condenado. Aporta el elemento cómico de las situaciones, y el guión juega con el hecho de que nada de lo que dice el personaje es creíble, todo es sarcasmo, pero sí hay algo de verdad, por cómo sufre en su interior y actúa con rabia, aunque nunca sabemos realmente cuál será. Porque su vida es difícil, su madre lo echa de casa y por las noches duerme en secreto en el centro de internamiento. Físicamente nos recuerda a uno de esos angelitos que pintaba Murillo, pero aquí volcado a la perversión. Por otro lado, el pobre no sabe cuál es su poder, y está frustrado porque es el único para el que este hecho sería un divertimento pero al que la tormenta pareció no cambiarle.
Pero también hay más gente a la que la tormenta otorgó poderes, todos relacionados con sus deseos más ocultos, indagando de alguna manera en la teoría freudiana. Por una razón u otra devienen en una especie de villanos para este grupo. Aparte existe en la caracterización de los personajes un fuerte localismo. Por lo general, los ingleses consienten integrar un elemento foráneo en su cultura siempre y cuando lo puedan hacer a su manera particular. Y por eso además de fotografiar el carácter de la juventud callejera actual, los protagonistas se muestran con toda la personalidad del típico inglés: individualistas, muy tímidos, enfatizan mucho su comportamiento (cuando se enfadan o cuando algo les hace gracia), empleando un humor muy ácido, pero también son caballerosos, pese a parecer algo locos y excéntricos, o usando mucho la mímica para representar los actos sexuales y la masturbación, que se convierte en una auténtica obsesión del guión.
En cuanto a los poderes que surgen tras la fatídica tormenta, no son ni mucho menos espectaculares, más bien representados desde una gran escenificación puesta en práctica por parte de los actores. Para los chicos son un problema más de los que su vida ya está llena, ni siquiera los controlan, y por eso no se convierten en el motivo de la serie. Nada de efectos especiales que nos dejen anonadados (que además se representan muy cutres, yo creo que en parte por el presupuesto, y por otra más importante por burlarse de la grandilocuencia norteamericana).

Aquí tienen pues una obra sobre superhéroes que, de acuerdo, son otra vez más los X-Men, pero explorada con valentía desde el mismo concepto, sin adornos. Muchas veces interpretar es crear algo nuevo. Veremos si en el futuro siguen manteniendo el tipo estos ingleses.